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Las reservas auguraban un inicio de temporada mejor que el del año pasado. Tanto en la Costa Brava como en la Costa Daurada esperaban abrir Semana Santa con los casi 30.000 participantes y acompañantes de los torneos de fútbol y baloncesto que llenan los hoteles antes del puente. La celebración de los 25 años de Port Aventura era otro de los grandes alicientes, y no la pesadilla en la que se ha convertido esta Semana Santa para el sector turístico. Hoteles cerrados, paseos marítimos y playas desiertas y los destinos rurales vacíos. Estampas fantasmagóricas que provocan pérdidas millonarias y que ponen en jaque una temporada repleta de incógnitas pero que el gremio aspira a iniciar, en el mejor de los escenarios, a finales de junio o principios de julio.

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Los hoteleros han asumido que “seremos los últimos de la fila” en poder reabrir a medida que se levanten las restricciones, “pero no damos por perdida la temporada turística, nuestro horizonte es salvar la temporada alta”, explica Jaume Dulsat, alcalde de Lloret de Mar.